Lo vegetal (Luis Fernando Lugo)

Un verdugo cuida una planta, se preocupa por las raíces, la planta siente sus manos sucias.

En la maceta irrumpe un signo. ¿Qué significado hay en esa planta? Pienso en una decoración y en el oxígeno que mantiene vivo a los personajes. ¿Pero qué hay detrás de ese signo de oxígeno? Formulaciones literarias. Una escritura que hace autopsia de las cosas establecidas y busca el anverso del significante. El que mete mano e interviene la hoja en blanco, es el mismo verdugo que toca la planta. Irrumpe su estructura natural. Modifica la simple contemplación, la deforma.

La planta se vuelve un ojo enraizado, sigue al verdugo.


Seguir el crecimiento de una planta es seguir un autor, leer sus primeras hojas y seguir con su ramaje. Pienso en el escritor chileno Alejandro Zambra como una enredadera. Una cortina verde que crece sobre los muros humanos. Me resulta difícil imaginar su ramaje como el de un bonsái. Aunque ese sea el título que lleva su primera novela y la apuesta estructural con que desarrolla su literatura. Una novela de 94 páginas, donde se cuenta una historia de amor y muerte dilatada. Es la misma historia que se escucha siempre en algún bar. Roberto Bolaño la resume en unas líneas: “Una persona –debería decir una desconocida– que te acaricia, te hace bromas, es dulce contigo y te lleva hasta la orilla de un precipicio.” Esa puede ser la premisa de la novela. Su desarrollo, el amor, es una enredadera que crece, que acecha a sus dos personajes, Julio y Emilia, los vuelve muros humanos llenos de vendas verdes, vendas naturales de hastío.

En la maceta ha crecido un gusano.

La enredadera discursiva de la novela Bonsái es el muro humano que comparte una pareja. Una maceta rota. En este caso, desde las primeras líneas, habita ya una sentencia irrevocable: “Al final ella muere y él se queda solo.” La historia desde su inicio presume ser un desagüe trágico. La sentencia irremediable del verdugo que nos acecha. Bonsái se puede leer como un cuento largo o una novela corta, o simplemente como una historia breve de amor insostenible. Alejandro Zambra menciona que escribir es como cuidar un bonsái, su apuesta es reducir y poner lo indicado en la maceta. Una  historia que encuentra ramas, se pierden, se secan.
Julio y Emilia leen un cuento de Macedonio Fernández, “Tantalia”, la ficción entabla dialogo con otra historia. El escritor argentino siembra el tallo que nutre la historia. Hace que uno se enfrente a lo trascendente fuera de la página. ¿Se necesita del cuento? La historia funciona por sí sola. Pero al llegar a la narración uno identifica la clorofila de Zambra. Es preciso volver al diálogo, detenerse en Macedonio para encontrar un ramaje de la otra historia que suscita el desequilibrio entre Julio y Emilia.

El verdugo observa una planta fijamente, en ella ve todas las muertes que ha propiciado.

Se cuida una planta, esa planta se vuelve un signo que trasciende a los personajes, cuando la planta muere, la relación muere. Zambra adorna un bonsái en precisos cortes para formar una novela en miniatura. Macedonio despliega el simbolismo en un trébol, que cifra la suerte, el azar y el destino. Un trébol de cuatro hojas deshojándose. Desde que uno se acerca al cuento de Macedonio y a la novela de Zambra nota las enrarecidas formas de creación de cada uno. Ambos a una altura distinta. Lo que importa no son las muertes ficticias sino las físicas. Emilia, la novia de Julio, no importa, la que importa es Elena de Obieta, la esposa muerta de Macedonio. Lo que importa no es “Tantalia” sino Bonsái. El que importa es Macedonio, no Zambra. La literatura no importa sino sus lectores.

Después el verdugo se da cuenta de que es una planta carnívora.


Bonsái
de Alejandro Zambra, libro aparecido en 2006, dialoga con el Macedonio Fernández del cuento “Tantalia”, extraído de las páginas de la Antología de la literatura fantástica de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo. Comunicantes entre simbolismo y estructuras narrativas. Bonsái no quiere contar todo, prefiere resumir, usar voces externas. Es bueno que un texto encuentre ecos con otras voces. Un cuento que crece de la mano de dos lectores (Julio y Emilia). Una novela que crece de un cuento. Una maceta vegetal.

 
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