Una novela grande (por Mauro Libertella, revista Ñ)

Hace varios años que venía circulando el rumor de que Alejandro Zambra estaba escribiendo una “novela grande”. El concepto es ambiguo y en su caso tramposo, porque el adjetivo referencia a un mismo tiempo el volumen del objeto y la tesitura, la densidad del hecho literario. Como todo rumor, su origen es incierto y sería estéril reconstruirlo, pero había algo en las exquisitas novelas que había publicado antes el chileno – Bonsai y La vida privada de los árboles – que nos avalaban a estructurar una lectura creciente, como si sus relatos estuvieran secretamente encadenados y uno implicara al otro. En ese sentido, ¿por qué pedirle a Zambra una “novela grande”? Chile es, siempre se dijo, un país de poetas, y Bolaño fue el último gran estallido que erigió y a su modo clausuró la posibilidad de escribir un relato total. Zambra entendió como nadie la lección, y abocó su escritura pausada y meticulosa a la construcción de novelas breves, depuradas, refractarias al despliegue del ego y los alardes del lenguaje. Hay en Formas de volver a casa , publicada este año, un doble movimiento que produce en el lector un notable encandilamiento: la novela es una vuelta a “lo literario” pero sin usufructuar las marcas típicas de lo literario (la sobreadjetivación, la bajada de línea, el chiste estructural). Hay algo etéreo, fresco, casi milagroso en lo que podríamos llamar el armado del libro. La historia es compleja y conjuga temporalidades y narradores, historias y puntos de vista. Pero esa voz tenue, milimétrica, que nunca se excede y que sin embargo nunca nos ofrece menos de lo que podría, que es lo que ya había mostrado, de un modo más incipiente el narrador Zambra, cobra en este libro una forma acabada. Así, Formas de volver a casa es el final de un ciclo, el tercer tomo de un tríptico fantasma, pero parece ser también un punto de giro y la primera piedra de una obra futura.

En una entrevista reciente, Zambra resumió el crisol de tópicos que pueblan la novela en una especie de lista sábana de la trama: “Es una novela sobre la relación entre padres e hijos; sobre el Chile de los años ochenta y el Chile de ahora; sobre la memoria; sobre el modo en que nos relacionamos con los recuerdos de la infancia; sobre las fotografías familiares, lo que muestran y lo que esconden; lo que siempre estuvo ahí y no éramos capaces de ver”. La materia narrativa es, a su modo, compleja, pero Zambra la reduce a un grado cero de la escritura para el siglo XXI, a una forma esquelética que no enturbia las relaciones entre todos esos elementos narrativos, los pone a un mismo nivel y de ese modo puede trabajar, como un orfebre, con cada uno de esos elementos (las relaciones familiares, el trasfondo político, etc.) con la misma intensidad y dedicación, sin armar jerarquías ni subordinaciones. En ese sentido, Formas de volver a casa es una novela ambiciosa, una novela grande; un “do de pecho”, como dicen misteriosamente los españoles.

 

Publicado en Ñ, de Clarín, 30/12/2011. Tomado de acá.

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